Esta semana se ha anunciado la creación de un nuevo canal de televisión a nivel provincial en Valencia, pero que llegará a toda la Comunitat Valenciana. Se destinarán 3 millones de euros, será público pero de gestión privada. Contará con 30 trabajadores y su objetivo es mostrar la cultura, las fiestas, las tradiciones y las noticias valencianas que ocurren día a día en nuestra comunidad. Su promotor, Alfonso Rus, presidente de la Diputación de Valencia. Él ha creído conveniente gastarse 3 millones de euros en esta nueva televisión, ya que tienen superávit. ¿Nadie en su sano juicio ha pensado que se podría utilizar ese dinero para ayudar a las familias necesitadas? Para paliar por ejemplo el impacto de la crisis en las familias con menos recursos, para ayudar a más alumnos con becas de comedor y luchar contra la desnutrición infantil, para tratar de bajar el índice de pobreza en la Comunitat Valenciana que es del 25%. Para todo ello ya se destina dinero, dirán algunos. ¿Pero es suficiente?
Dentro
de 8 días hará un año que nos quedamos sin Canal 9, y hemos continuado con
nuestra sociedad. ¿Acaso hace falta una nueva televisión? ¡Pues si! Esa es la
infamia que vamos a escuchar a todos los dirigentes políticos del Partido
Popular en las próximas fechas. ¿Y para qué? Pues muy fácil. Cuando se acercan
las elecciones, aparecen en los últimos años multitud de televisiones que
ofrecen los servicios a diferentes ayuntamientos, comarcas, zonas geográficas y
un largo etcétera. Seamos realistas, no son más que un órgano de propaganda
electoral al servicio del partido de turno. Lamentable!
Señores
y señoras, esto es así. Estas televisiones aparecen antes y desaparecen una vez
pasadas las elecciones ya que su objetivo ha sido amortizado y su coste es
elevado para los dirigentes políticos. Soy y seré partidario de que haya una
televisión autonómica, una que no este politizada, que sea plural, equitativa
en sus coberturas audiovisuales, en valenciano y de gran calidad, pero no es
eso lo que nos propone el estratega Rus. Cuando la infamia se antepone a las
necesidades reales de las personas, lo único que se obtiene es un despilfarro
de dinero público.
Firmado:
Roberto Mortes
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